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miércoles, 20 de noviembre de 2013

El picante mixto de la quinta-restaurante Guadalquivir

Jailón mixto

Presentación del picante mixto del restaurante Guadalquivir en Cochabamba.
Los cochabambinos nos jactamos de comer mucho picante. En nuestra mesa no puede faltar una buena llajwa, con quilquiña u otras especias. Si no hubiera esta salsa tradicional, otro excelente acompañante es un locoto picado.
Los que de algún modo ningunean esta afirmación son los sucrenses. Los capitalinos suelen decir en sus charlas, ahí en el comedor de su mercado central, que nuestro famoso picante mixto, hecho a base de ají rojo y/o amarillo, “es una tomatadita”. Puede que los sibaritas de la “Ciudad Blanca” tengan razón. Muchos de sus platos, bañados con ají espeso, son un desafío para todo aquel que se jacta de aguantar el picor en el paladar.

El restaurante Guadalquivir (C. Javier Baptista entre Uzeda y Canedo, una cuadra al norte y una al este de Semapa) es probablemente uno de los locales de más tradición en Cochabamba. El establecimiento es alejado, no existe un letrero que pueda guiar a nuevos comensales. Desde su entrada, el local nos transporta a otra época. Uno rememora la visita a la casa de los abuelos. Vemos una construcción antigua, pero bien conservada, con mucha vegetación, característica que muy pocos restaurantes mantienen, pues son víctimas de la urbanización y la idea de sacarle el mayor rédito a los espacios, llenos de cemento, cerámica y arquitectura kitsch.


A partir del momento en que se hace el pedido, el plato tarda casi una hora en llegar. El tiempo sin embargo pasa más o menos rápido. Los ambientes del Guadalquivir permiten disfrutar detalles de la vegetación e incluso observar algunas aves tropicales enjauladas. Mientras dura la espera, los que están con mucha hambre pueden degustar un -cortesía de la casa- escabeche casero, agradable y amigable con el paladar: el vinagre no tiene la consistencia artificial tan frecuente en muchos restaurantes.
El plato, que cuesta Bs 55 por una porción estrictamente individual, cuida los detalles en su presentación. Tiene una imagen muy elegante, elaborada, casi de estilo gourmet. Dos pedazos de lengua son acompañados de dos presas de pollo, están bañadas en un jugo -color naranja/rojizo- de consistencia líquida, adornado con arvejas. La lengua, de corte medio uniforme, está bien cocida. Son trozos de carne bien seleccionados, con muy buena sazón, características que solo pueden lograrse por la cocción en su propia salsa. A pesar de la poca cantidad, el anterior es un detalle que se agradece de sobremanera. El pollo, al igual que la lengua, tiene un muy buen preparado. La carne está cocida en su punto, no está seca y es muy sabrosa.
El chuño es igualmente seleccionado. Es de tipo tunta, muy bien preparado en phuti, con cebolla finamente picada, huevo revuelto y unos pedacitos de queso. En la parte superior adornan el tomate y la cebolla cortada en juliana, hecha en una vinagreta casera que le reduce algo de acidez y le añade frescura. Así también, la ensalada es decorada con unas cuantas rodajas de locoto y una pizca de cilantro picado, lo que le da un toque diferente, estimulando el paladar de forma distinta.
Entre los aspectos a mejorar del picante mixto del restaurante Guadalquivir está el uso de papa holandesa. Aunque bien cocida, presenta un sabor soso y algo desagradable, característica típica de esta variedad del tubérculo. Asimismo, el ají puede ser un poco más picante (aunque tal vez ello estropearía los afanes del chef). El plato, al ser un tanto más estilizado, puede resultar algo reducido por su precio. Si bien sacia, para alguien de buen diente guiado por las tres B’s más H (bueno, bonito, barato, harto) de la gastronomía local, el preparado de la quinta puede ser insuficiente. 
 
El restaurante, al poseer un aura de antaño, es amplio y tiene la cantidad necesaria de mobiliario. Pero su cristalería para refrescos es ordinaria, no así para tragos especiales, que tienen una pinta mejor. Los platos son finos, están en buen estado. Van con el estilo del local. Los detalles también se notan en la estética de las servilletas de tela, planchadas, limpias y bien presentadas como los manteles. Por otro lado, si bien el trato de los garzones es cordial y educado, falta personal para una atención que justifique del todo el precio “sugerido” de propina (el pago es en realidad obligatorio, pues aparece en la cuenta y luego en la factura con un valor del 10% del consumo total).

El ambiente, la comida y la atención son sobresalientes. Pero hacen del Guadalquivir un restaurante “tradicional” pensado solo para un determinado tipo de público. Uno que, además de la cara comida, puede pagar Bs 18 por un chop de cerveza, Bs 8 por un balón de jugo o Bs 60 por una botella de vino de mesa Campos de Solana. Un público al que pertenecen esos que el escritor cochabambino Edmundo Paz Soldán define -en una consulta del diario El País de España- con la palabra “más autóctona” de Bolivia. A esas personas afortunadas, y otras no tanto, que de vez en cuando pueden degustar un jailón mixto.




piquesillpanchopicante@gmail.com

lunes, 4 de noviembre de 2013

El picante mixto preparado en el Sucremanta

Plato “express” de estilo propio























Creyendo que no iba a faltar el chuquisaqueño que planteara su reclamo por la extendida tradición del picante en su región, los integrantes de Pique Sillpancho Picante tomamos la decisión de empezar nuestra degustación de picantes mixtos en el Sucremanta. Total que el restaurante, cuya sede central está a media cuadra de la plaza Principal, es prácticamente cochabambino (por ejemplo, es por todos conocido que su famoso menudito se vende y come mucho más en la Llajta que en la capital del Estado). Y total también que el ají es uno de los más originarios habitantes de América (hay evidencia de su consumo en el 7.500 Antes de Cristo). Es decir que, finalmente, el picante es de todos.
El equilibrado plato del Sucremanta cuesta Bs 40, llega después de 15 minutos de ser pedido y consta de una generosa ración de casi un cuarto de pollo, dos lonjas de lengua, una papa, arroz, chuño phuti -que tiene rastros de queso- y dos detalles que reafirman el estilo propio del local: pequeños pedazos de cebolla acaramelada y algunas pasas de uva.
Las carnes tienen una cocción adecuada, aunque probablemente no tradicional. El picante mixto es uno de los preparados más difíciles de la gastronomía nacional por el tiempo y las acciones que implica. Entre las principales está el martajar la lengua hasta que esté suave y un largo periodo de cocción de las carnes, en su última etapa junto con el ají. El pollo y la lengua del Sucremanta son indudablemente tiernos, mas pareciera que el ají se lo puso al final y no en la cocción. La carencia de potencia en el sabor de las carnes parece delatar este procedimiento.

Y hablando del ají, en realidad son dos: rojo (para la lengua) y amarillo (para el pollo). Este ingrediente estrella del preparado, que viene más o menos espeso cubriendo a las presas y la papa, tiene, ahora sí, una sazón completa que excita el paladar lo debidamente suficiente. Se perdona que el plato llegue algo tibio, pues los complementos son también sabrosos: una enorme papa harinosa, un arroz en su punto y bien sazonado, y un chuño que sabe bien con queso, a más de la señalada porción pequeña de cebolla y papas que, de rato en rato, proporcionan un exótico contraste agridulce.
Se extraña sin embargo la típicamente cochala ensalada de tomate y cebolla, y las arvejas que, pensamos, no son solamente decorativas. De cualquier modo, la experiencia no defrauda, como tampoco el ambiente: un espacio decorado a la usanza colonial, que en pleno centro de la ciudad -donde, claro, es difícil encontrar parqueo-, ofrece calma, como también  ofrece calma la música suave, generalmente folklórica.
El plato, que podría alcanzar para dos personas con poco apetito, se sirve en medio de una mesa de mantel limpio, con cristalería y cubiertos escasamente desgastados, al lado de -¡oh buena noticia!- una alcuza y un llajuero también limpios. Una limpieza de pisos y una atención un tanto más esmeradas complementarían un almuerzo sobresaliente. Lo que hay sin embargo pasa con buena nota. Además, las bebidas, vitales para amainar el picante, no son costosas (la cerveza se vende a Bs 16 y el refresco casero a Bs 12).
Todos los aspectos señalados hacen del picante mixto “express” del Sucremanta un aceptable acercamiento a esta delicia de la cocina valluna. 



piquesillpanchopicante@gmail.com

martes, 22 de octubre de 2013

¡BIENVENIDOS COMENSALES!

Pique Sillpancho Picante (Proyecto PSP) es una iniciativa de los periodistas cochabambinos Andrés Rodríguez Rodríguez, Gabriela Flores López y Sergio de la Zerda, quienes, desde octubre de 2013, se han propuesto el objetivo de recorrer 30 restaurantes de su ciudad, diez por cada plato del nombre del proyecto. Las experiencias gastronómicas serán presentadas con fotografías y notas críticas que serán publicadas dos veces por semana en este blog, así como en un grupo homónimo de Facebook. Este último espacio (https://www.facebook.com/groups/194836737368192/) estará abierto además a la participación de todos los interesados en comentar, criticar o elogiar la amplia oferta gastronómica de Cochabamba y Bolivia. Para más información sobre la iniciativa, que se efectúa con el apoyo de la Oficialía Superior de Cultura de la Alcaldía de Cochabamba, usted puede escribir al correo electrónico piquesillpanchopicante@gmail.com.