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jueves, 16 de abril de 2015

El picante mixto de la Casa de Campo


Picor especializado
El picante mixto del restaurante Casa de Campo de la ciudad de Cochabamba.

 
Retornamos sobre nuestros pasos. Luego de haber comidoun pique macho bastante bueno, a pesar de un baño innecesario de aderezos, nuestro recorrido nos trae regreso a la Casa de Campo, solo que esta vez para degustar un picante mixto, otro plato típico que forma parte de la oferta gastronómica de este restaurante ubicado en el Boulevard de La Recoleta.
Dennis Rocha, garzón de la Casa de Campo.
Las sensaciones iniciales son las mismas de la anterior vez. Aunque ahora esperamos un poco más la llegada de nuestros platos por la numerosa cantidad de gente en el local, hay que destacar que la atención es personalizada, cordial y con iniciativa. Esto gracias a Dennis Rocha, uno de los garzones. Quizá lo recuerden por el spot de Taquiña “Desafío Pique Macho” del 2008. Rocha nos trae a la memoria a los garzones de antaño, muy amigables sin ser invasivos ni irrespetuosos.
Algo que nos cuestionaron la anterior vez y logramos verificar en esta visita es la ensalada de cortesía. En efecto, esta entrada, fresca, llena de colores y sabores, es un detalle sobresaliente que la Casa de Campo tiene con todos sus comensales. La cortesía tiene una cantidad suficiente de verduras y pan con llajwa, como para distraer el estómago cuando el local está lleno y la comida tarda.
La ensalada de cortesía que sirven en el resyaurante Casa de Campo.
40 minutos después llega el plato. El picante mixto tiene muy buena pinta. Es un plato para una persona, que contiene dos lenguas bañadas en ají amarillo y una pierna de pollo con ají rojo. Las porciones de papa, arroz y chuño tienen equilibrio.
El preparado de la Casa de Campo tiene la característica de ser un poco más picante que otros similares. El picor es un poco más agresivo, como para aquellas personas que les gusta esa leve y estimulante sensación en el paladar. Una sensación que invita a darle otra mordida a la carne cargada de ají o a hacer ñutito de una buena papa harinosa en la salsa semiespesa (“ñut’u” significa en quechua desmenuzado, palabra aplicada más correctamente al grano molido bien fino).


La lengua es bastante suave. Parece que sigue un proceso minucioso de cocción, como debería ser. Al ser un plato que se encuentra a diario en la Casa de Campo quizá no sigue una preparación típica, pero sí es cuidada. Dos pedazos de lengua (una de corte gruesa y otra delgada) se complementan con la pierna de pollo, que viene bañada en el ají rojo, un poco más espeso y agresivo que el amarillo. La presa goza de una cocción adecuada, tres cuartos, en su punto.
El arroz, al ser fresco, está bien preparado. Es un simple acompañante que no destaca, pero tampoco arruina la comida. El chuño, detipo tunta, viene en un phuti sencillo, al cual le falta algo de sazón. Lamentablemente, no resalta como otros preparados similares de otros locales. 
La ensalada que viene acompañando el picante mixto de la Casa de Campo.
La papa es un lujo. Entera, bien cocida. Parece mantequilla desintegrándose al hacer contacto con el tenedor. El tomate, la cebolla y el locoto, frescos y de colores vivos, vienen cortados en julianas. Si bien el local mantiene sus virtudes como vimos en el caso anterior del pique, el precio (Bs 65) del plato de picante nos parece un tanto excesivo por la ración unipersonal. De cualquier modo, para aquellas personas que pueden hacer un esfuerzo en alguna ocasión por un antojo, recomendamos este picante mixto de picor especializado. 
Uno de los ambientes internos del restaurante Casa de Campo.
Otra de las áreas de servicio en el restaurante.

piquesillpanchopicante@gmail.com


miércoles, 8 de enero de 2014

El picante mixto del restaurant Grill


Esos pequeños/grandes detalles

El ají típico del picante mixto que sirven en el restaurante Grill.
No fueron pocos los que nos hicieron la recomendación. Si queríamos saborear el mejor picante mixto cochabambino, debíamos ir a probarlo al restaurant Grill. Así es que llegamos hasta la avenida Santa Cruz y Pedro Blanco para degustar el plato entero, cuyo costo es de ¡Bs 60! (alcanza para tal vez un adulto y un niño; el medio, estrictamente individual, se vende a cinco pesos menos).

Entretanto dura la media hora de espera, unos trozos de un muy regular pan con llajwa aplacan el hambre. Llega a buena temperatura el picante a la mesa, y lo que tienta para el bocado primero es la lengua, de un generoso corte que, aunque grueso, está bien seleccionado. Su consistencia es firme, no obstante la carne casi se disuelve en la boca, con una sazón un tanto lechosa que es espléndida. Excelente también es el pollo. Aunque un poquito seco, parece haberse cocido previamente en un caldo de verduras de las que extrajo aromas. 

Presentación del picante mixto del restaurante Grill.

Los ajíes no tan picantes -el rojo más espeso que el amarillo- bañan las carnes y transmiten un potente sabor -no tan fácil de asimilar para algunos-, que además se combina a la perfección con una buena porción de chuño tipo tunta, muy bien lavado y mezclado con toques de huevo y cebolla. Las papas sin embargo constituyen un bajón. Son claramente del tipo holandesa, por ende no harinosas, y alguna de ellas nos toca a medio cocer. Coronan el preparado porciones reducidas -mas frescas- de tomate, arveja, cebolla y perejil, este último otro destacado detalle que nos recuerda que estamos ante un plato típico del valle, uno que puede ser regado con una cerveza (a Bs 15) o un jugo personal (a Bs 6). 

Hablando de detalles, los del restaurant Grill se quedan ahí, al menos los buenos. El local fue remodelado con un gusto extraño, por decir lo menos. Conviven al interior una decoración formal y, donde era el patio, un estilo que hace todo lo posible por ser minimalista, pero que se queda en lo chillón y chabacano. Por supuesto, como la mayoría, nosotros no fuimos a apreciar bondades arquitectónicas ni de diseño de interiores. Sin embargo, lo chabacano es también característico en la -asimismo desigual- cristalería y cubiertos que hay que usar junto a una terriblemente sucia alcuza y un florero artificial con horrorosos puntitos negros que dejó algún insecto. Lo malo sigue con un televisor en el que los comensales -al menos el día que fuimos- tienen que ver a los niños con cáncer de la Telemaratón mientras tratan de engullir algún bocado.

El Grill tampoco cuida la atención. El cliente debe llamar todo el tiempo a dos sufridos meseros que, sin la menor iniciativa, tienen que ser varias veces requeridos para cosas tan elementales como servilletas, una silla para bebé, cubiertos o, finalmente, la cuenta.
Por todo lo anterior, es evidente que el más detallista del restaurante es el (¿la?) chef y no el administrador, quien debería comprender los réditos mayores que pueden conseguirse ofreciendo una experiencia completa sin exagerar el precio.

Fachada externa del restaurante Grill en Cochabamba.



Vista interior del restaurante Grill en Cochabamba.





piquesillpanchopicante@gmail.com

viernes, 13 de diciembre de 2013

El picante mixto del restaurante Las Américas

Hazte de fama y cáete de la cama


La presentación del picante mixto del restaurante Las Américas.

Cuentan nuestros mayores que incluso hasta entrada la década de los 90 los cochabambinos tenían en varias calles del centro sus lugares de reunión gastronómica y esparcimiento. Una de esas vías era la Antezana y en ella, entre Calama y Ladislao Cabrera, se encuentra todavía el restaurante Las Américas, especializado en comida criolla. Venciendo el congestionamiento del tráfico y la -ahora- mala fama del vecindario, hasta allí llegamos para probar el picante mixto entero del establecimiento, que tiene un costo de ¡Bs 55! y que alcanza para una persona de no mucho apetito y tal vez para un niño (el medio plato vale Bs 40).
El preparado viene casi frío tras 23 minutos en los que, por el ambiente y atención, uno intuye que ha desperdiciado su inversión. Si bien equilibrado en sus porciones, el picante mixto se hace presente con un solo corte grueso de lengua y una presa -más o menos generosa- de pollo. La primera de las carnes está entre lo más sobresaliente de Las Américas. Aunque se nota que faltó golpearla y separar mejor las fibras, tiene un buen sabor, que se entremezcla bien con un algo líquido y picante ají amarillo, de intensidad particular. El arroz asimismo es de calidad, está bien cocido y se le notan leves toques de cebolla y ajo. La papa es, por harinosa, claramente nativa, y se la disfruta aplastándola en el ají. Otros simpáticos detalles tradicionales son aromáticos perejiles y arvejas dulces que coadyuvan al contraste de sabores.
El pollo está sin embargo desabrido, se nota que tal vez fue cocido para otro plato. Empiezan los problemas pues el chuño no pasó por selección alguna, y podríamos apostar que la ensalada -con algunos tomates semipodridos- fue hecha muchas horas antes, en una batea y para acompañar cualquier cosa. Tanto es así, que en medio de unas cebollas simplonas nos topamos con un alambre de viruta, que seguro saltó del lavaplatos al bañador. El horror sigue con una llajwa agria, por supuesto que guardada.
El alambre de viruta encontrado en la ensalada del picante mixto del restaurante Las Américas.

Todo se sirve en los platos más ordinarios del mercado (igual que los cubiertos), con un fondo de manteles más o menos limpios y una alcuza simplemente cochina, ubicada al lado de un porta servilletas en el que los meseros -de nula iniciativa para su labor principal- se dieron el ocioso trabajo de colocar pedazos de papel divididos por la mitad y por eso semitransparentes.  
 
Las mesas y sillas, casi todas sucias y viejas, combinan tal vez con la mucha vegetación del restaurante. No obstante, este aspecto positivo -ya no visible en otros espacios que optaron por el cemento- es difícilmente apreciable en medio de una decoración de cantina que en su discoteca tiene lo más ecléctico de la música a volumen alto: desde el “Gangnam Style” hasta lo último de Bonanza, pasando por lo más odioso de los clásicos ochenteros. Pero lo que remata la pésima nota del restaurant es el lamentable estado de los baños: sin agua, incompletos, malolientes y con el sueño de algún día contar con implementos básicos.
 
Por último habrá que decir, a modo de reconciliarnos alguito, que la cerveza es barata: se vende Bs 15 la botella de 620 cc y, según anuncios, cada viernes hay “happy hour”. Uno entonces podría ir a pasar un viernes de soltero en toda ley al local -tal vez cenando antes-. Pero, siempre hay un pero, tristemente -y esto no es culpa de los dueños-, la zona es peligrosa. A causa de la cercanía de la universidad pública y de nuestra “juventud estudiosa”, en los alrededores se han abierto verdaderos antros de remate, de los que salen los más variados seres, a cual más confundido o agresivo. Revivir entonces las viejas glorias de un restaurant puede tener un precio alto (además del monetario, claro está): una mala comida, una mala experiencia y el peligro -sobre todo por las noches- de no vivir para contarla. La ponemos fácil: recomendamos no ir.
Un vistazo a la entrada del restaurante Las Américas en Cochabamba.
























piquesillpanchopicante@gmail.com